8.12.09

¿Es la cumbre de Copenhague un tema para el feminismo?





En estos días, en Copenhague, se decide gran parte de nuestro futuro común. A finales del siglo XX, la ecopacifista y ecofeminista Petra Kelly, cofundadora de Los Verdes alemanes, afirmaba que la prosperidad de una sociedad debía medirse por la calidad de los bienes que produce, por disfrutar de agua y alimentos no contaminados, por la salud de la población, por el respeto al medio natural y a los demás seres vivos, por un mundo vivo. No seremos más felices por consumir más objetos superfluos que pronto terminan en la basura. Una economía ecológica requiere no sólo cambios estructurales sino también un cambio de paradigma sobre lo deseable y valioso.


La justificada alarma ante el cambio climático, un fenómeno tan evidente que ya es imposible ignorarlo, tiene que servir de acicate para pensar en la urgencia de una transformación hacia la sostenibilidad. La crítica al modelo insostenible de desarrollo es un tema feminista. Daré sólo dos ejemplos para apoyar esta última afirmación.


El primero: tanto en el Norte como en el Sur, todas las personas están afectadas en diversos grados por la contaminación, pero las mujeres somos particularmente vulnerables a los productos químicos tóxicos debido a nuestras características biológicas. El síndrome de Hipersensibilidad Química Múltiple, comúnmente diagnosticado como “alergia” al animal doméstico de turno, es la menos grave de las consecuencias.


El segundo: según datos aportados por ecofeministas como Vandana Shiva y por diversas organizaciones internacionales, las mujeres rurales pobres del llamado Tercer Mundo son las primeras afectadas por la deforestación, la desertización y las catástrofes “naturales”. La división sexual del trabajo les ha asignado tradicionalmente tareas como la recolección de leña o el aprovisionamiento de agua que cada vez son más difíciles.
Pero otro mundo es posible. Así lo declararon mujeres de más de ochenta y seis países en el Foro de Soberanía Alimentaria Nyéléni, que tuvo lugar en Mali, hace dos años. Y entre los objetivos de la Marcha Mundial de las Mujeres figura la exigencia de proteger el medio ambiente como bien común.
En Copenhague, deciden sobre este bien común. No lo olvidemos.


P. D.: Si no lo habéis visto aún _lo cual sería extraño en navegantes del ciberespacio_ os recomiendo el famoso corto  La historia de las cosas de la experta estadounidense Annie Leonard doblado al castellano.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Solo las más jóvenes nos estamos dando cuenta... y solo algunas. No todas...
es tan difícil verlo? no quiero imaginar el mundo que nos va a tocar vivir.
Mensaje a todas: tenemos que reaccionar YA.
gracias

marisa dijo...

!!JOLÍN!!! La verdad es que no sé dónde está el límite de edad para dejar de ser joven, pero si ser joven se representa por descubrir nuevas realidadse apasionadamente o por no saber casi nada de casi todo; creo que soy joven, aunque tampoco sé si de las más jóvenes. En fín, yo también me paso el día etornudando incómodamente y viéndome obligada a tomar unas pastillitas que calman durante unas horas. Pero hay aún más, ¿cuál es la pastillita de las mujeres del medio rural del tercer mundo?
Busca que te busca, el domingo leí un artículo sobre Peter Singer en El Semanal, o algo así, sobre los malos hábitos alimenticios y lo inmoral de estos para con el planeta y las personas del tercer mundo.y ,!JOLÍN!!, otra vez.Para mí lo dificil no es verlo sino desmontar los andamios sobre los que me he construido como persona para llegar a ser lo más coherente posible con mis pensamientos y ser justa con l@s que no tienen acceso a los medicamentos para calmar el"malestar" de las alergias.Y la verdad es que no me he dado cuenta de esto por arte de magia, sino ESCUCHANDO, LEYENDO, y aceptando el legado de otr@s que también creen en la justicia, y que hasta ahora son un poquitín "más grandes" que yo.

Ánimo, e imaginación al poder....
Y un cordial saludo a tod@s.

Queralt. dijo...

Hola.
Llevo tiempo leyendo tu blog pero no te había dejado nungún comentario hasta ahora...
Espero, deseo, necesitamos, que todos nos responsabilicemos no sólo de nuestras vidas (que no es poco), sino también de nuestra relación con el resto de los habitantes de este planeta. Y no de una forma más o menos romanticoide desde lo sentimental y emocional (que también, supongo). Es necesario que dejémos de sentirnos tan "buenos" por reciclar (entre millones de ejemmplos que podría poner, y en éste en concreto no llevámos mucho tiempo haciéndolo), y echémos nuestros desechos al contenedor con una actitud más madura y lejos de esa pátina infantil con la que hacemos las cosas, supongo que influenciados aún (al menos los que tenemos cierta edad), por aquello que nos inculcaron de que el Estado es papá y nosotros los obedientes y sumisos hijos.
Tenemos el futuro de un planeta en nuestras manos, el futuro de nuestros hijos, la evolución en general de todas las personas y sus derechos. Y encima, los que vivimos en la parte del mundo más desarrollada, tenemos, desde mi punto de vista, una responsabilidad añadida: la de trabajar en nombre de todos los que no tienen voz. Con respeto a las soberanías, por supuesto, pero éste tema, va más allá y es o debería ser, uno de los derechos fundamentales del ser humano.
Ojalá entre todos, podámos darle a este mundo la dignidad que merece, necesita y requiere.
Besos de cereza.

Queralt.