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27.12.21

Una lograda comedia satírica


Mientras veía esta recomendable película, me he preguntado: ¿pueden el humor y la sátira despertar más conciencias que las advertencias científicas o la reflexión filosófica? Posiblemente este interrogante ha guiado el comienzo, en 2019, del rodaje de Don't look up (No mires arriba o No miren arriba, según las dos versiones que se han dado del título en castellano). 

La historia es sencilla pero logra su objetivo: convertirse en una transparente metáfora de la inacción suicida frente a la emergencia climática. Dos astrónomos (personajes interpretados por Leonardo DiCaprio y Jennifer Lawrence) descubren que un cometa va a impactar en la Tierra y devastarla completamente. Quedan seis meses para tratar de evitarlo. Intentarán alertar al establishment político, a los medios de comunicación, a la gente de la calle. La pintura de la sociedad en que vivimos es aguda y provoca en muchos momentos la risa.

 Reír por no llorar, nunca mejor dicho... En ese sentido, tiene un antecedente cinematográfico, la comedia de ciencia ficción Idiocracia (EE.UU, 2006) que con trazos, geniales en ciertos momentos, en otros burdos, presentaba una clara denuncia del rumbo al que predestinaba el éxito de la tele basura: la pérdida total de la inteligencia y la involución de la humanidad en un hilarante futuro distópico. 

Como no puedo ni quiero quitarme las "gafas moradas" cuando veo cine o series, tengo que decir que tanto Idiocracia como Don't look up señalan la sexualización y devaluación que sufren las mujeres en este mundo fake, pero no logran escapar del todo a los estereotipos.  Así, por ejemplo, el final post-créditos de Don't look up me ha dejado la sensación de una tonalidad sexista inconsciente habitual en el género humorístico. Por no hacer spoiler, sólo añadiré que quizás la justicia narrativa tenía que haber caído también en otro culpable.

En todo caso ¡y no es poca cosa! entre risa y risa, Don't look up hace un diagnóstico certero de quién detenta el poder real, de hasta qué punto reinan la corrupción, la mentira, la banalización, el ocultamiento generalizado, la masificación, el control encubierto, la falta de pensamiento crítico y la inmerecida confianza en unas élites tecnocráticas de las grandes corporaciones que ofrecen soluciones dictadas por la codicia sin límites. Como en Un mundo feliz,  la célebre novela de Aldous Huxley, esta película muestra una sociedad donde la propaganda elimina la capacidad de pensar y reaccionar ante la dominación. La orden es no mirar la realidad sino, como en la caverna platónica, mantenerse felices viendo sólo sombras engañosas, proyectadas ahora, en una pantalla. Lógicamente, a pesar del tono propio de la comedia, se trasluce cierta melancolía en las imágenes de la belleza natural y la inocencia condenadas; y en un homenaje a la dignidad de quienes se han esforzado por salvarlas.

En el pasado, los bufones podían eludir la censura, permitirse decir muchas verdades que otros no podían expresar tan francamente. Retomo mi pregunta inicial: ¿será esta película capaz de despertar conciencias dormidas y desactivar el mandato de no mirar hacia arriba?  

 (El tráiler de presentación aquí)






24.7.20

El colapso, una serie que hay que ver

 Si hay una serie que está recibiendo numerosos comentarios elogiosos y vivas recomendaciones, es El colapso (traducción de L'effondrement, título original en francés).  Muchas críticas la consideran, con razón, la mejor serie del año 2020. La clave está en que sustituye los efectos especiales y la parafernalia habitual de las series y películas futuristas por la inteligencia y el realismo. Rodada en 2019, predice de manera asombrosa algunas de las situaciones que se han producido con la pandemia del COVID19: supermercados desabastecidos y personas mayores abandonadas a su suerte en las residencias.
¿Qué pasará cuando en un futuro _cada vez más próximo_ colapse la "normalidad" de esta sociedad basada en la destrucción del ecosistema que es su base material? De la cotidianeidad surgirá rápidamente un mundo hobbesiano en el que cada individuo verá en los demás un obstáculo para su supervivencia. En el siglo XVII, el filósofo contractualista Hobbes sostuvo que, en una sociedad sin pacto social ni ley, rige la lucha de todos contra todos. Es evidente que el desmoronamiento abrupto de la sociedad de consumo puede hacer aflorar este tipo de relaciones entre los individuos. La serie nos muestra que la desigualdad económica revelará su cara más despiadada pero que hasta los ricos y poderosos estarán amenazados. También habrá quienes intenten practicar la solidaridad a riesgo de sus propias vidas. La crisis climática y ecosistémica será devastadora y traerá  el final de nuestra civilización y de un sistema económico de crecimiento insostenible mantenido hasta ahora con mentiras y silencios.


Los 8 episodios, breves y filmados en plano secuencia, son muy elocuentes y llaman a la reflexión. El octavo, que nos retrotrae en el tiempo a cinco días antes del colapso, es realmente su broche de oro: un alegato en pro del decrecimiento. Si bien el colapso ya no se puede evitar, al menos se podrían dar pasos importantes hacia una sociedad más sencilla y racional que limitara la catástrofe. Es el mensaje que muchos informes científicos están dando actualmente sin obtener resultados políticos y en medio de la indiferencia general.
A pesar de los méritos indiscutibles de esta serie, no quiero dejar de señalar tres aspectos que serían mejorables en ella. En muchas escenas, adolece de una sobreactuación propia de la escuela teatral francesa. En cuanto al contenido, la mirada es ecologista pero totalmente antropocéntrica: los animales no existen. No hay ni una sola referencia a ellos. Y los guionistas parecen ignorar que, estadísticamente, las tareas del cuidado son realizadas por mujeres y las conductas violentas son casi siempre llevadas a cabo por varones.  En esta producción a menudo se invierten los roles, lo cual podría ser interesante si hubiera alguna reflexión feminista detrás. Pero no parece ser el caso. Se trata más bien de la idealización de algún personaje masculino (episodio La residencia) y la falta de verosimilitud de uno femenino (episodio La aldea). Y, aunque hay muchísimas mujeres en el activismo ecologista mundial, el protagonismo ecologista se lo lleva un austero varón virtuoso que dice verdades como puños a una mujer hipócrita que ha roto el techo de cristal. Omito detalles para no caer en el spoiler.  Sólo digo que, en este siglo XXI, feminismo y ecologismo siguen sin enriquecerse mutuamente...  ¡El ecofeminismo tiene mucho que predicar todavía!
Dicho esto, os animo nuevamente a ver El colapso si aún no lo habéis hecho. Es una obra importante para el momento que vivimos en el que todas las voces, científicas, filosóficas, literarias, artísticas, ciudadanas... deben contribuir a un cambio que atenúe lo más posible el impacto de la crisis que se avecina. Todavía estamos a tiempo, al menos, para esto.

28.5.16

La utopía ecofeminista




    ¿Qué es el ecofeminismo y en qué medida puede decirse que se trata de una utopía? No me refiero al sentido vulgar de “utopía”, como una mera fantasía, como un absurdo que contradice las normas lógicas o las dinámicas psicológicas o materiales de la humanidad. En este primer sentido, en efecto, se ha considerado al ecofeminismo y a otras teorías emancipatorias como sueños de ingenuos optimistas que no han comprendido que el hombre es un lobo para el hombre (el homo homini lupus de la reformulación hobbesiana del pesimismo antropológico) y que todo lo real es racional (según la interpretación hegeliana más conservadora). Pero, contestaría una ecofeminista: ¿Quién es el hombre? ¿Cómo es el lobo? ¿A qué llamamos razón? En otra parte, he sostenido que el objetivo más profundo de la filosofía ecofeminista es una redefinición del ser humano concomitante con una redefinición de los demás seres vivos con los que habita la Tierra. 

    En el sentido inaugurado por Tomás Moro en 1516, utopía es un mundo que aún no ha tenido lugar (ou-topos), que aún no se ha concretado en la realidad, pero podría llegar a hacerlo un día. Funciona como un horizonte regulativo hacia el que dirigir nuestros pasos con esperanza. Configura una cartografía de lo posible que, como es evidente, posee capital importancia desde el punto de vista de la Filosofía Moral y Política y de la vida cotidiana. 

Os dejo el video de mi intervención en el Simposio La utopía, motor de la Historia. Con motivo del V Centenario de la publicación de Utopía, de Tomás Moro, organizado por Juan José Tamayo en la Fundación Ramón Areces de Madrid, simposio para el que he escrito estas líneas. El texto completo será publicado próximamente
Agradezco a Mati Sy el haberme facilitado este video que podéis ver picando aquí
 
 


29.9.06

Feminismo y ecología

¿Feminismo y ecología pueden enriquecerse mutuamente? Por un lado, puede afirmarse que la ecología ha abierto nuevas temáticas en el feminismo. Por otro, debemos subrayar que las voces de las mujeres y del feminismo deben ser escuchadas en las discusiones sobre sobre una ética y una filosofía política que puedan constituirse como alternativas frente a la crisis ecológica del modelo industrial y neoliberal.
Dentro de esta aproximación se ha presentado el libro "Mujeres y Ecología".